El 23 de septiembre de 2026, el Tesoro de Estados Unidos anunció que iba a recomprar hasta USD 6.000 millones de sus propios bonos del Tesoro de largo plazo. Ese mismo día, el bono a 30 años cerró rindiendo 5,39%, su nivel más alto desde julio de 2004.
Leelo de nuevo: el país que emite la moneda de reserva del mundo salió a comprar su propia deuda para sostenerle el precio, y el mercado le movió la tasa en contra el mismo día.
Eso plantea una pregunta que casi nadie contesta bien: si la Reserva Federal fija la tasa de interés, ¿por qué no puede bajar la de 30 años? La respuesta no es que le falte poder. Es que las tasas cortas y las tasas largas son dos cosas distintas, y solo una se decide. La otra se vota.
Hay dos tasas de interés, no una
Cuando en las noticias dicen “la Fed subió la tasa”, se refieren a una sola tasa: la más corta de todas. Es la tasa a la que los bancos se prestan reservas entre ellos de un día para el otro.
Sobre esa tasa el control de la Fed es casi perfecto, y por un motivo bastante simple: la Fed es la única fábrica de reservas bancarias del mundo. Es un monopolio literal. Además fija cuánto paga ella misma por esas reservas cuando un banco las deja quietas.
Y ahí opera el arbitraje: si la Fed le paga a un banco 4% por dejar el dinero estacionado sin ningún riesgo, ese banco no va a prestárselo a otro al 3%. Sería regalar dinero. Por eso la tasa corta obedece: no es persuasión, es aritmética de un monopolista que además pone el precio de referencia.
La tasa a 10 o 30 años funciona al revés. Nadie la fija. Surge de que millones de compradores y vendedores —fondos de pensión, aseguradoras, bancos centrales extranjeros, gestores de todo el mundo— negocian todos los días a qué precio están dispuestos a prestarle a Estados Unidos por tres décadas. Es un precio de mercado, como el del petróleo o el de una acción.
La idea en una línea: la tasa corta es una decisión administrativa. La tasa larga es una opinión: el precio al que el mundo acepta financiar a Estados Unidos por treinta años. Un banco central puede decidir. No puede obligar a nadie a opinar distinto.
La tasa larga tiene dos partes y la Fed solo influye en una
Cuando comprás un bono a 30 años, el rendimiento que exigís se arma con dos componentes.
El primero son las expectativas. Es el promedio de tasas cortas que creés que va a haber durante esos 30 años. Si pensás que la Fed va a mantener la tasa cerca de 3% en promedio durante tres décadas, ese es tu piso. Sobre este componente la Fed sí tiene influencia, aunque indirecta: la ejerce con credibilidad y con lo que comunica sobre el futuro.
El segundo es la prima por plazo —en inglés, term premium—. Es lo que te tienen que pagar de más, por encima de esas expectativas, para que aceptes quedarte atado treinta años en lugar de ir renovando a corto plazo.
Pensalo así: prestarle dinero a alguien por 30 días no es lo mismo que prestárselo por 30 años. A 30 días sabés bastante bien qué va a pasar. A 30 años no sabés cuánta inflación va a haber, ni cuánta deuda nueva se va a emitir, ni quién va a estar gobernando. Todo ese “no sé” tiene precio. Ese precio es la prima por plazo.
Y acá está el punto central del artículo: sobre la prima por plazo la Fed no tiene herramienta. No hay comunicado que la baje. Solo existen dos formas de forzarla, y las dos son caras. Una es comprar bonos en cantidades industriales para sacarlos del mercado —eso es el quantitative easing—. La otra es fijar el precio del bono directamente, como hizo el Banco de Japón durante años. La primera se paga con inflación potencial; la segunda, con credibilidad.

La prueba: la Fed bajó 100 puntos y la tasa larga subió 100
Esto no es teoría de manual. Hay dos experimentos naturales, y son espejo uno del otro.
Febrero de 2005. Alan Greenspan llevaba subida la tasa corta unos 150 puntos básicos y el bono a 10 años no se movía. Le pareció tan raro que lo bautizó con una palabra que quedó en la jerga: conundrum, el enigma. La Fed apretaba y la tasa larga no se enteraba.
Desde el 18 de septiembre de 2024. La película al revés. La Fed recortó 100 puntos básicos y, en el mismo período, el rendimiento del bono a 10 años subió 100 puntos básicos. Los economistas del CEPR lo llamaron “reverse conundrum”, el enigma invertido. Y el detalle importa: esa suba vino por tasas reales y por prima por plazo, no por expectativas de inflación.
Dos episodios, veinte años de distancia, misma lección: la Fed maneja una palanca corta que responde siempre, y una palanca larga que hace lo que quiere. Cuando alguien te diga “la Fed va a bajar las tasas y por eso va a pasar tal cosa”, vale preguntar: ¿cuál tasa?
Qué hace el Tesoro cuando la tasa no baja
Acá aparece algo que se confunde todo el tiempo, y conviene separarlo bien: el que estuvo comprando bonos en septiembre de 2026 no fue la Fed. Fue el Tesoro. Son dos organismos distintos, con herramientas distintas y objetivos distintos.
El 19 de agosto de 2026 el Tesoro anunció que al menos duplicaba el tamaño máximo de sus operaciones de recompra de bonos largos: de USD 2.000 millones por operación a al menos USD 4.000 millones, en los tramos de 10 a 20 años y de 20 a 30 años, vigente entre el 9 de septiembre y el 4 de noviembre de 2026. En la práctica llegó más lejos: el 9 y el 23 de septiembre anunció operaciones de hasta USD 6.000 millones cada una.
El motivo declarado en el comunicado oficial es técnico: darle al mercado una salida ordenada para vender bonos viejos, esos que ya no se negocian mucho. El Tesoro habla de “apoyo a la liquidez” y menciona la fuerte participación de los operadores. En ningún momento dice “estamos tratando de bajar la tasa”.
El contexto que el comunicado no menciona es que los rendimientos largos estaban en máximos de más de dos décadas, con prácticamente toda la curva de rendimientos por encima del 5%.
Por qué esto no es emisión, aunque lo escuches en todos lados
Esta es la parte donde más se resbala el análisis que circula por redes. La frase típica es “están recomprando bonos, o sea que inyectan liquidez, o sea que vamos a ver un rally”. Esa cadena tiene un eslabón roto.
Cuando la Fed hace quantitative easing, compra bonos con reservas que crea en el momento. Es dinero nuevo que antes no existía. Cuando el Tesoro recompra bonos, en cambio, tiene que sacar ese dinero de algún lado: lo obtiene endeudándose, típicamente emitiendo letras a corto plazo. No crea dinero. Cambia una deuda por otra.
Aclaración de rigor: el comunicado del Tesoro no explica cómo financia las recompras. Que se financien con emisión de letras es la lectura de los analistas que siguen el programa, no un dato oficial. Lo que sí es indiscutible es la diferencia estructural: el Tesoro no puede crear dinero, la Fed sí.
Cuidado con pasarse para el otro lado: decir que el efecto es exactamente cero sería ir demasiado lejos. Sí cambia algo: la composición. Si el Tesoro retira un bono a 30 años y lo reemplaza por una letra a 3 meses, el mercado queda con menos duración para digerir y con más de un instrumento cortito que se parece bastante al efectivo. El volumen total de deuda no cambió; lo que cambió es su forma.
Esa distinción vale la pena grabársela, porque es la que separa el análisis del ruido. Una cosa es dinero nuevo. Otra muy distinta es el mismo dinero con otra forma.
Queda la cuestión del tamaño. Operaciones de USD 4.000 o 6.000 millones suenan enormes, pero se miden contra un mercado de deuda estadounidense de decenas de billones de dólares. El Council on Foreign Relations fue directo al calificar la medida como “más señal que sustancia”. El veredicto lo dio el propio mercado: el 23 de septiembre de 2026 el Tesoro anunció la recompra y ese mismo día la tasa a 30 años hizo máximo de 22 años.
Entonces, ¿quién está del otro lado?
Si no es un problema de liquidez, la pregunta correcta es otra: ¿quién dejó de comprar, o quién está vendiendo?
Una parte de la respuesta ya la contamos acá: los inversores japoneses vendieron neto USD 29.600 millones de deuda estadounidense en el primer trimestre de 2026, según el Ministerio de Finanzas de Japón, porque el bono de su propio país volvió a rendir después de tres décadas. Si te interesa esa mecánica, está desarrollada en nuestro artículo sobre el carry trade japonés y por qué EE.UU. compró yenes.
La otra parte —qué cambió en la cabeza de los bancos centrales del mundo desde 2022, y por qué el oro entró en la conversación— es el tema del próximo artículo de esta serie.

Qué significa esto para vos
Podés no tener un solo bono del Tesoro estadounidense en tu cartera y aun así esta tasa te afecta. El motivo es que el rendimiento del bono largo de Estados Unidos es la vara con la que se mide todo lo demás en el mundo. Es lo que en finanzas se llama la tasa libre de riesgo: lo que podés ganar sin correr, teóricamente, ningún riesgo de crédito.
Cuando esa vara sube, todo activo con riesgo tiene que justificarse contra ella. Una acción, un inmueble, un bono corporativo, la deuda de un país emergente: todos compiten contra ese número. Si lo seguro paga 5%, lo riesgoso necesita ofrecer bastante más que eso para que valga la pena molestarse. Y eso se termina reflejando en los precios.
Hay tres consecuencias prácticas que conviene tener presentes.
Primera: el bono largo no es el activo conservador que muchos suponen. Un bono a 30 años es el instrumento más sensible a movimientos de tasa de toda una cartera tradicional. Cuando la tasa sube, su precio cae, y cuanto más largo es el plazo, más fuerte cae. La seguridad de un bono del Tesoro es sobre el cobro —te van a pagar—, no sobre el precio mientras tanto.
Segunda: la tasa larga se traslada al crédito real. No es un número de pantalla. Es la referencia sobre la que se arman las hipotecas a tasa fija en Estados Unidos, el costo al que se financian las empresas y, por arrastre, el costo al que se endeudan los países emergentes.
Tercera, y la más incómoda: de todo esto no se deduce que las acciones vayan a caer. En septiembre de 2026 convivieron las dos cosas al mismo tiempo: la tasa a 30 años en máximos de 22 años y un índice S&P 500 en zona de récords. La teoría dice que las tasas altas comprimen las valuaciones. La realidad de ese mes dijo otra cosa. Cualquiera que te venda una relación mecánica entre las dos variables te está vendiendo una simplificación.
¿Qué hacer con esto? Nada heroico. Entender de qué depende lo que tenés: si una parte de tu cartera vive de que el dinero siga siendo barato, ahora sabés dónde mirar. Y si querés seguir el pulso de este tema sin ruido, lo que importa no son los titulares diarios sino la prima por plazo y cómo se van cubriendo las subastas de bonos a 30 años. Ahí se ve si el mundo sigue queriendo prestarle a Estados Unidos, y a qué precio.
Entender qué mueve las tasas vale más que adivinar hacia dónde vanGuías de inversión de DesCero →
Y mientras el mundo discute la tasa a 30 años, ordená lo tuyo: la app de DesCero te ayuda a registrar y entender tus finanzas reales del día a día —el complemento de cualquier análisis—.
En resumen
- La Fed controla la tasa corta casi por completo porque es el único emisor de reservas bancarias y fija lo que paga por ellas. Es aritmética de monopolio, no persuasión.
- La tasa larga no la fija nadie: es un precio de mercado. Se arma con las expectativas de tasa futura más la prima por plazo, y sobre esa prima la Fed no tiene herramienta directa.
- Hay dos pruebas históricas: en 2005 Greenspan subió 150 puntos y la tasa larga no se movió; desde septiembre de 2024 la Fed recortó 100 puntos y el bono a 10 años subió 100.
- Quien recompró bonos largos en septiembre de 2026 fue el Tesoro, no la Fed: de USD 2.000 millones por operación a al menos USD 4.000 millones, con operaciones anunciadas de hasta USD 6.000 millones.
- No es emisión. El Tesoro no puede crear dinero: se endeuda a corto para recomprar a largo. Cambia la composición de la deuda, no su volumen. Una cosa es dinero nuevo y otra es el mismo dinero con otra forma.
- El veredicto lo dio el mercado: el 23 de septiembre de 2026 se anunció una recompra de hasta USD 6.000 millones y ese mismo día el bono a 30 años rindió 5,39%, máximo desde julio de 2004.
- Para el inversor: la tasa larga de EE.UU. es la vara que mide todo activo con riesgo. Pero cuidado con las relaciones mecánicas — en septiembre de 2026 convivieron tasas en máximos de 22 años y acciones en récords.
Descargo de responsabilidad: El contenido de este artículo tiene fines exclusivamente educativos e informativos. No constituye asesoramiento financiero ni de inversión, ni una recomendación de comprar o vender ningún activo. Las cifras citadas corresponden a comunicados oficiales y a cobertura periodística disponibles a la fecha de publicación (septiembre de 2026); los rendimientos y las tasas de referencia cambian permanentemente. Las decisiones financieras son responsabilidad de cada individuo. Consultá con un profesional antes de tomar decisiones de inversión.
Preguntas frecuentes
¿Por qué la Fed controla la tasa corta pero no la larga?
Porque son precios de naturaleza distinta. La tasa corta es administrada: la Fed es el único emisor de reservas bancarias y además fija cuánto paga por ellas, así que ningún banco presta más barato que eso. La tasa larga, en cambio, es un precio de mercado que surge de millones de compradores y vendedores decidiendo todos los días a qué precio le prestan a Estados Unidos por diez o treinta años. La Fed influye sobre las expectativas de tasa futura con su credibilidad, pero no tiene una herramienta directa para bajar la prima por plazo. Si te interesa cómo se conectan estas decisiones con el valor de las monedas, podés leer por qué el dólar sube en las crisis.
¿Las recompras de bonos del Tesoro son lo mismo que el quantitative easing?
No, y la diferencia es estructural. En el quantitative easing la Reserva Federal compra bonos con reservas que crea en el momento: es dinero que antes no existía. El Tesoro no puede crear dinero, así que para recomprar tiene que endeudarse, típicamente emitiendo letras a corto plazo. El resultado es que cambia la composición de la deuda —menos plazo largo, más instrumento corto— pero no su volumen total. Vale aclarar que el comunicado oficial del Tesoro no detalla el financiamiento; que se financie con letras es la lectura de los analistas que siguen el programa.
¿Qué es la prima por plazo o term premium?
Es el rendimiento extra que exige un inversor por comprometer su dinero a largo plazo en lugar de ir renovando a corto. Prestar por treinta años implica incertidumbre sobre la inflación futura, sobre cuánta deuda nueva se va a emitir y sobre el entorno político, y esa incertidumbre tiene precio. Cuando la prima por plazo sube, el rendimiento del bono largo sube aunque no haya cambiado ninguna expectativa sobre lo que va a hacer el banco central. Es el componente que un banco central no puede bajar por decreto. La Reserva Federal de Nueva York publica estimaciones de esta prima de forma pública.
Si sube el rendimiento de los bonos de EE.UU., ¿caen las acciones?
La teoría dice que sí, por dos vías: tasas más altas reducen el valor presente de las ganancias futuras de una empresa y, al mismo tiempo, vuelven más atractivo al bono frente a la acción. Pero la relación no es mecánica ni inmediata. En septiembre de 2026 convivieron un rendimiento a 30 años en máximos de 22 años y un S&P 500 en zona de récords. Lo que sí es razonable afirmar es que, cuando la tasa libre de riesgo sube, todo activo con riesgo tiene que ofrecer más para justificarse. Si querés entender cómo se componen los rendimientos en el tiempo, podés probar nuestra calculadora de interés compuesto.
¿Por qué un bono a 30 años puede ser más riesgoso que uno a 2 años?
Porque el riesgo de un bono del Tesoro no está en el cobro sino en el precio. Cuanto más largo el plazo, más sensible es su precio a los movimientos de la tasa de interés: esa sensibilidad se llama duración. Si comprás un bono a treinta años y la tasa de mercado sube, el precio de tu bono cae, y cae bastante más de lo que caería el de un bono a dos años ante el mismo movimiento. Si lo mantenés hasta el vencimiento vas a cobrar lo pactado, pero mientras tanto la valuación de tu cartera se mueve. Por eso el bono largo no es automáticamente el activo conservador de una cartera. Podés ver cómo encaja esto en una cartera diversificada en nuestra guía de ETFs.
¿Quién le está vendiendo los bonos a Estados Unidos?
Un vendedor identificable es Japón: sus inversores vendieron neto USD 29.600 millones de deuda estadounidense en el primer trimestre de 2026, según el Ministerio de Finanzas japonés, porque el bono de su propio país volvió a ofrecer rendimiento después de tres décadas. La mecánica completa está en nuestro artículo sobre el carry trade japonés. El otro cambio de fondo tiene que ver con cómo los bancos centrales del mundo repensaron el riesgo de sus reservas desde 2022, y es el tema del próximo artículo de esta serie.
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