Carry trade japonés: por qué EE.UU. salió a comprar yenes

El 31 de julio de 2026, el Tesoro de Estados Unidos hizo algo que no hacía desde 1998: salió al mercado a comprar yenes japoneses. Y lo hizo de una forma tan rara que hasta los operadores más veteranos levantaron la ceja: no pagó con dólares. Pagó con euros.

La versión oficial es que fue una mano a un aliado. La versión que explica el detalle de los euros es otra. Japón es el mayor acreedor extranjero de Estados Unidos —tiene alrededor de USD 1,2 billones en bonos del Tesoro— y cada dólar que gasta defendiendo su moneda es un dólar que consigue vendiendo deuda estadounidense. Washington no salió a rescatar al yen. Salió a proteger el precio de sus propios bonos.

Detrás de todo esto hay una máquina financiera que lleva más de dos décadas funcionando en silencio y que casi nadie mira: el carry trade japonés. Este artículo la explica en dos actos —cómo funciona y por qué se está tapando la cañería— y después baja a lo único que importa acá: qué tiene que ver con lo que vos tenés invertido, aunque nunca hayas tocado un yen en tu vida.

Acto 1: qué es el carry trade japonés

La mecánica es tan simple que casi da desconfianza. Pedís prestado dinero en un país donde el crédito es casi gratis, lo cambiás por otra moneda, y lo invertís en un país donde el rendimiento es más alto. Te quedás con la diferencia.

Japón fue durante veinticinco años el único lugar del planeta donde la primera parte de esa frase era literalmente cierta. Con tasas en cero —o negativas—, un fondo podía pedir prestado en yenes prácticamente sin costo, convertirlos a dólares y comprar un bono del Tesoro estadounidense que rendía 4% o 5%. Toda esa diferencia era ganancia, sin haber puesto capital propio.

Y como es dinero prestado, se puede apalancar. Ahí es donde el asunto deja de ser una curiosidad japonesa y se vuelve un problema de todos: ese crédito barato no se quedó en bonos del Tesoro. Terminó en acciones tecnológicas, en bonos emergentes, en propiedades, en criptomonedas. Fue combustible barato para casi todo lo que subió en los últimos veinte años.

¿De qué tamaño es? Nadie lo sabe con precisión, y conviene desconfiar de quien tire un número redondo. El Banco de Pagos Internacionales (BIS), que es el organismo que mejor mide esto, ofrece un rango enorme según qué se cuente: desde unos USD 261.000 millones si se miran solo los préstamos bancarios transfronterizos directos, hasta cerca de USD 11,3 billones si se incluyen derivados y posiciones especulativas amplias. Fuente: BIS, Sizing up carry trades in BIS statistics. Que el rango sea de esa magnitud ya te dice algo importante: buena parte de esta operación es invisible para los reguladores.

El riesgo que no se ve en la cuenta: el carry trade no gana por la tasa, gana por la tasa siempre que el tipo de cambio no se mueva en contra. Si pediste prestado en yenes y el yen se aprecia 10%, tenés que devolver 10% más de lo que pediste, medido en tu moneda. Eso se come varios años de diferencial de tasa de un saque. Por eso el desarme nunca es ordenado: cuando el yen se da vuelta, todos tienen que cerrar al mismo tiempo.

Ya vimos la película: agosto de 2024

Esto no es teoría. El 31 de julio de 2024 el Banco de Japón subió su tasa de referencia de 0,1% a 0,25% —un movimiento que en cualquier otro país sería una nota al pie—. Dos días después, Estados Unidos publicó un dato de empleo flojo. El yen se apreció con fuerza y quien estaba endeudado en yenes tuvo que salir a comprarlos para cerrar su posición, lo que apreció el yen todavía más.

El 5 de agosto de 2024 el Nikkei se derrumbó 12,4% en una sola rueda: la peor caída diaria desde 1987. El índice de volatilidad VIX saltó a niveles que no se veían desde la pandemia. Y el detalle que más importa para un inversor minorista: cayó todo junto —acciones, criptomonedas, emergentes— porque cuando se retira liquidez apalancada no se vende lo que está caro, se vende lo que se puede vender rápido.

La moraleja de aquel episodio es la que conviene guardar: el carry trade no se desinfla, se rompe. Un cuarto de punto de suba alcanzó para provocar la mayor caída del mercado japonés en casi cuarenta años.

Por qué esta vez la cañería se está tapando de verdad

Acá hay que ser preciso, porque circula mucho titular apurado. El carry trade japonés no se terminó. Si hubiera terminado, el yen estaría fuerte, y pasó exactamente lo contrario: el 28 de julio de 2026 tocó cerca de 164 unidades por dólar, su nivel más bajo en unas cuatro décadas. El Banco de Japón mantiene su tasa en 1,0% mientras proyecta una inflación de 2,4% a 2,7% para el año fiscal 2026 —o sea, tasa real negativa— y el diferencial contra el bono estadounidense a 10 años sigue pagando. Fuente: Infobae, 31 de julio de 2026.

Lo que sí cambió es otra cosa, y es más profunda: por primera vez en una generación, al ahorrista japonés le conviene quedarse en casa. El bono del gobierno japonés a 10 años llegó a rendir alrededor de 2,87% en julio de 2026, máximo desde mediados de los años noventa. Fuente: Trading Economics, julio de 2026. Durante veinticinco años, las aseguradoras, los fondos de pensión y los bancos japoneses tuvieron que salir al mundo a buscar rendimiento porque en su país no existía. Ese motivo se está desarmando solo.

Y ya se ve en los números. En el primer trimestre de 2026, los inversores japoneses vendieron neto unos USD 29.600 millones en deuda estadounidense —Tesoro, agencias y bonos municipales—, la mayor salida trimestral desde 2022, después de comprar en once de los doce trimestres anteriores. Fuente: datos de balanza de pagos del Ministerio de Finanzas de Japón, reportados por Crypto Briefing, 2026.

Entonces la frase correcta no es “se acabó el carry trade”. Es esta: el desarme ordenado dejó de estar disponible. La máquina sigue andando, pero el piso sobre el que se apoya se movió, y las autoridades de los dos países saben lo que pasa cuando esta cosa se cierra de golpe.

Acto 2: qué hizo Estados Unidos el 31 de julio

Con el yen en mínimos de cuatro décadas, Japón intervino primero en solitario el jueves 30 de julio. Las estimaciones de analistas ubican esa operación entre USD 53.000 y 59.000 millones, sin confirmación oficial. Al día siguiente se sumó Estados Unidos, en la primera intervención cambiaria conjunta entre Washington y Tokio desde 1998. El yen se recuperó de ~164 a alrededor de 155-157 por dólar. Fuentes: Al Jazeera, 2026 e Infobae, 2026.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, explicó la decisión por el riesgo de contagio regional: “Si el yen se debilitara sustancialmente, otras monedas lo seguirían”, dijo, mencionando la volatilidad del won coreano. Donald Trump lo puso en términos más simples: “Ellos tienen un yen que se debilita y querían un poco de ayuda. Y nosotros siempre estamos ahí para Japón”.

Pero la operación tiene un detalle técnico que no encaja con el relato de la ayuda desinteresada. El Banco de la Reserva Federal de Nueva York, actuando por cuenta del Tesoro, no vendió dólares para comprar yenes: vendió euros. Es una decisión deliberada, y algunos analistas la calificaron directamente de rara e imprudente. Fuente: Fortune, 2026. Vender dólares habría debilitado al dólar. Vender euros logra el mismo efecto sobre el yen sin tocar la moneda propia —y trasladando parte del costo del ajuste a Europa—.

El motivo que no está en el comunicado

Para entender por qué Estados Unidos se metió, hay que seguir la aritmética de una intervención cambiaria. Para comprar yenes hacen falta dólares. Para tener dólares en esa escala, Japón vende bonos del Tesoro estadounidense. Y vender bonos en cantidad hace bajar su precio, lo que equivale a decir que sube su rendimiento.

El rendimiento del bono estadounidense no es un número abstracto: es la referencia de la hipoteca, del crédito al auto, del crédito corporativo, y del costo que paga el propio gobierno de Estados Unidos para refinanciar su deuda. Al 3 de agosto de 2026, el bono a 10 años rendía cerca de 4,69% y el de 30 años alrededor de 5,23%. Fuente: Wolf Street, 2026.

Bessent es, por definición del cargo, el mayor vendedor de bonos del mundo. Que el mayor tenedor extranjero de su mercancía se convierta en vendedor forzado —obligado a liquidar no porque quiera, sino porque necesita el dinero— es literalmente su peor escenario.

Y hay una prueba de que esa era la preocupación real, no una interpretación de analistas: el mecanismo que montaron para la próxima vez. Japón anunció que usará la facilidad FIMA de la Reserva Federal, un servicio por el cual un banco central extranjero deja sus bonos del Tesoro como colateral, recibe dólares en préstamo, hace la intervención, y después devuelve los dólares y recupera los bonos. El resultado es exactamente el que buscaban: los bonos nunca llegan al mercado abierto. Japón consigue los dólares y el rendimiento estadounidense no se mueve.

La lectura de DesCero: cuando un país emite la moneda de reserva del mundo, “ayudar a un aliado” y “defender el propio costo de financiamiento” pueden ser exactamente la misma operación. Eso no la vuelve una maniobra oscura —vender euros para comprar yenes es perfectamente legal y está a la vista de todos—. Lo que la vuelve informativa es lo que revela sobre las prioridades: entre el tipo de cambio del yen y el rendimiento del bono estadounidense, se protegió el segundo.

Qué significa esto para tu cartera (sin adivinar el futuro)

Acá no viene la parte donde te decimos qué comprar. Viene la parte donde entendés de qué depende lo que ya tenés. Tres lecturas, en orden de utilidad.

Primera: una parte del rendimiento de los últimos años se financió con dinero prestado. No sabemos cuánta —el rango del BIS deja claro que nadie lo sabe—, pero sabemos qué pasa cuando esa liquidez se retira, porque lo vimos en agosto de 2024: cae todo junto, incluidos los activos que se supone que no se mueven en la misma dirección. Si tu cartera está diversificada en tipos de activo pero todos dependen del mismo crédito barato, esa diversificación es más frágil de lo que parece en la planilla. Es el argumento de fondo por el que existen instrumentos amplios como los que explicamos en la guía de ETFs e inversión indexada.

Segunda: las intervenciones cambiarias son maquillaje, no tratamiento. Japón ya había intervenido en abril, mayo y junio de 2026, y aun así el yen siguió cayendo hasta tocar mínimos de cuatro décadas en julio. Una intervención compra semanas; lo único que pone un piso duradero bajo una moneda es la política monetaria detrás. Mientras la tasa real siga negativa, la presión vuelve.

Tercera, y es la más importante a largo plazo: acá estás viendo la degradación monetaria en vivo. Japón pasó décadas con tasa cero y deuda creciente, y hoy el mercado le está poniendo precio a eso vía el rendimiento de sus bonos. Estados Unidos paga 5,23% a treinta años. Ninguna moneda emitida por decreto conserva poder de compra indefinidamente: el dólar sigue siendo el refugio de corto plazo —lo desarrollamos en por qué el dólar sube en las crisis— pero refugio de corto plazo y reserva de valor de largo plazo no son la misma cosa, y conviene no confundirlas.

¿Qué se puede hacer con esto en concreto? Tres cosas, ninguna heroica: no tomar apalancamiento cuya mecánica no entendés del todo; saber qué parte de tu cartera depende de que el crédito siga siendo barato; y —la más difícil— tener decidido de antemano qué vas a hacer el día que caiga todo junto, porque ese día no se piensa bien. El costo real de estos episodios rara vez es la caída: es la venta en pánico en el peor momento.

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Y mientras los bancos centrales acomodan sus monedas, ordená lo tuyo: la app de DesCero te ayuda a registrar y entender tus finanzas reales del día a día —el complemento de cualquier análisis—.

En resumen

  • El carry trade japonés es pedir prestado en yenes casi gratis para invertir donde rinde más. Fue combustible barato de los mercados durante 25 años y su tamaño real es desconocido: el BIS lo estima entre USD 261.000 millones y 11,3 billones según qué se mida.
  • No se terminó. El yen tocó ~164 por dólar en julio de 2026 (mínimo en ~40 años), lo que solo pasa si la operación sigue viva. Lo que se rompió es la posibilidad de un desarme ordenado.
  • Lo que cambió de fondo: el bono japonés a 10 años llegó a ~2,87%, máximo en unos 30 años. El ahorrista japonés ya no necesita salir al mundo — vendió neto USD 29.600 millones de deuda estadounidense en el primer trimestre de 2026.
  • El 31 de julio de 2026, EE.UU. compró yenes junto a Japón por primera vez desde 1998. Pagó con euros, no con dólares.
  • El motivo detrás del comunicado: Japón tiene ~USD 1,2 billones en bonos del Tesoro y defender el yen lo obligaría a venderlos, subiendo el costo de la deuda estadounidense. La prueba es la facilidad FIMA, montada para que esos bonos nunca lleguen al mercado.
  • Para el inversor: agosto de 2024 mostró que cuando se retira liquidez apalancada cae todo junto. La lección no es predecir la fecha, es saber cuánto de tu cartera depende del crédito barato.

Descargo de responsabilidad: El contenido de este artículo tiene fines exclusivamente educativos e informativos. No constituye asesoramiento financiero ni de inversión, ni una recomendación de comprar o vender ningún activo. Las cifras citadas corresponden a la cobertura periodística y a datos oficiales disponibles a la fecha de publicación (agosto de 2026); los rendimientos, tipos de cambio y tasas de referencia cambian permanentemente. Las decisiones financieras son responsabilidad de cada individuo. Consultá con un profesional antes de tomar decisiones de inversión.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el carry trade japonés en palabras simples?

Es pedir prestado dinero en Japón, donde la tasa de interés fue prácticamente cero durante veinticinco años, cambiarlo a otra moneda e invertirlo donde rinde más. La ganancia es la diferencia entre las dos tasas. Como es dinero prestado, se puede apalancar, y por eso mueve volúmenes enormes. El riesgo escondido no es la tasa sino el tipo de cambio: si el yen se aprecia, hay que devolver más de lo que se pidió. Si querés ver cómo se mueven las monedas entre sí, podés usar nuestro conversor de monedas.

¿Por qué EE.UU. compró yenes con euros y no con dólares?

Porque vender dólares para comprar yenes habría debilitado al dólar, y ese no era el objetivo. Vendiendo euros de sus reservas, el Tesoro estadounidense consigue el mismo efecto de apreciación sobre el yen sin tocar su propia moneda, y traslada parte del costo del ajuste a Europa. La operación la ejecutó la Reserva Federal de Nueva York por cuenta del Tesoro el 31 de julio de 2026. Varios analistas la calificaron de inusual precisamente por este punto.

¿Se terminó el carry trade japonés?

No, y conviene desconfiar de los titulares que lo afirman. Si se hubiera terminado, el yen estaría fuerte; en julio de 2026 tocó cerca de 164 por dólar, su nivel más bajo en unas cuatro décadas. El Banco de Japón está en 1,0% con una inflación proyectada de 2,4% a 2,7%, o sea tasa real negativa, y el diferencial contra el bono estadounidense sigue pagando. Lo que sí cambió es que el bono japonés a 10 años llegó a máximos de unos treinta años, y eso le quita al inversor japonés la necesidad de salir al mundo a buscar rendimiento. La operación sigue viva, pero el desarme ordenado dejó de estar disponible.

¿Cuánta deuda de Estados Unidos tiene Japón?

Japón es el mayor tenedor extranjero de bonos del Tesoro estadounidense, con alrededor de USD 1,2 billones según los datos TIC del Tesoro de EE.UU., por delante del Reino Unido (~USD 0,9 billones) y de China (~USD 0,7 billones). Es una posición que incluye tanto reservas oficiales como tenencias de aseguradoras, fondos de pensión y bancos japoneses. Esa cifra es la que convierte una crisis del yen en un problema estadounidense: defender la moneda obliga a vender esos bonos, y venderlos sube el costo de la deuda de EE.UU.

¿Qué pasó en agosto de 2024 con el carry trade?

El 31 de julio de 2024 el Banco de Japón subió su tasa de 0,1% a 0,25% y dos días después salió un dato de empleo flojo en Estados Unidos. El yen se apreció, quienes estaban endeudados en yenes tuvieron que comprarlos para cerrar posiciones, y eso lo apreció todavía más. El 5 de agosto el Nikkei cayó 12,4% en una rueda, la peor caída diaria desde 1987, y el VIX saltó a niveles de pandemia. Cayeron acciones, emergentes y criptomonedas a la vez, que es el patrón típico cuando se retira liquidez apalancada.

¿Cómo me afecta esto si invierto desde Argentina, México o España y no toco yenes?

Te afecta de forma indirecta pero real, por dos vías. La primera es la liquidez: parte del crédito barato en yenes terminó invertido en acciones globales, bonos emergentes, propiedades y criptomonedas, así que si esa liquidez se retira caen precios que sí tenés en tu cartera —incluso vía un fondo indexado o un CEDEAR—. La segunda es el rendimiento del bono estadounidense, que funciona como tasa de referencia mundial: si sube, se encarece el crédito en todas partes y se castiga a los activos de riesgo. Por eso el episodio sirve menos para operar y más para revisar cuánta de tu diversificación es real, algo que explicamos en la guía de ETFs.

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Escrito por Fernando Escobar
Ingeniero Industrial (Universidad Nacional de Rosario) y autor de De cero a inversor en 90 días. Construye DesCero: guías, calculadoras y una app para manejar el dinero con método. Conocé el proyecto →

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